Hubo un momento en el que dejé de reconocerme. No fue de golpe. Fue poco a poco.
Mi abdomen ya no volvía a su lugar después del tercer embarazo. Padecía de incontinencia con el más mínimo esfuerzo y sentía mi postura vencida. Y lo peor no era lo físico: era la desconexión. Era desesperante haber perdido la habilidad de dominar mi cuerpo después de haber sido atleta desde muy temprana edad.
Hubo un momento en el que dejé de reconocerme. No fue de golpe. Fue poco a poco.
Mi abdomen ya no volvía a su lugar después del tercer embarazo. Padecía de incontinencia con el más mínimo esfuerzo y sentía mi postura vencida. Y lo peor no era lo físico: era la desconexión. Era desesperante haber perdido la habilidad de dominar mi cuerpo después de haber sido atleta desde muy temprana edad.